03 noviembre, 2005

El perdedor



Siempre ha merecido mis respetos; como una brillante derrota, tiene siempre las de ganar. Una victoria sin enemigos ni laureles. Asumida, merecida y no compartida. ¿No es ése acaso el mejor premio? Y si ya tienes lo que aspiras, tuyo es y de nadie más. Campeón!

Ahora bien, las conservas de fracaso, en potecillos individuales, con etiqueta de fecha y clasificados en los estantes de la memoria, en el baúl de los recuerdos.

Siempre puedes recobrarlos y ponerlos en fila, y hacer puntería a pedradas con ellos.
Df.